Se despertó de un salto, como si una mano transparente le agarrara el alma de la dimensión en donde estaba y la metiera con mucha potencia y velocidad en su cuerpo. Pensó en el plan perfecto por milésima vez, repasando acto por acto y detalle por detalle -mientras se paraba de la cama a buscar un vaso de leche- abrió la puerta de su habitación y se dirigió a la cocina. En el camino pudo ver a un lobo blanco con expresión amenazadora – se detuvo por un momento, se subió el bóxer y le sonrió al animal- siguió en sus pasos mientras bostezaba e hizo un gesto de saludo y simpatía a las águilas posadas en sus nidos, al coyote acostado en el suelo y a las serpientes que deslizaban por el árbol, encendió la luz y abrió la nevera.
Desde niño sentía un gran deseo de poseer las cosas más valiosas del universo, conservarlas y tenerlas hasta el día de su muerte. Lo que más valoraba de esas cosas era la belleza, el placer que causaba la embriaguez de sus ojos, tan resplandeciente y mortal, solo el curso de los años la deterioraba, la convertía en polvo, en su antítesis: la fealdad.
Tomó del almacén todo lo que necesitaba, se despidió de su secretaria y se dirigió al restaurant.
Pasó su infancia buscando la forma de poseer el secreto de la inmortalidad, indagando e investigando, se lamentaba de nacer en una época tan mediocre y poco avanzada, buscaba en libros, hacía preguntas a sus mayores, pero al final se tuvo que conformar con una profesión no tan popular ni llamativa, al menos le daba las herramientas para tener las cosas por siempre, esa profesión la amaba con todas sus fuerzas o por lo menos se asemejaba al amor que sentía por ella.
En el camino recordó su rostro –su belleza- se debatía en cuál de sus expresiones era la más celestial -no quedaba más remedio, hizo lo que pudo, intento conquistarla varias veces, pero ella lo ignoraba, a través del tiempo pudo entablar una buena amistad, fue lo máximo que pudo hacer, el deseo de poseerla se hacía más grande cada día, no tenia alternativa- al llegar al restaurant escondió lo que necesitaba debajo del asiento trasero, bajó el ramo de rosas, metió las llaves del coche en su bolsillo derecho y caminó hacia la entrada con una sonrisa, pensando en la expresión perfecta, inmortal, celestial.
…
Ella lo aceptaba, como se acepta a un perro, como se acepta regalar agua a un pordiosero, como se acepta a un cáncer, como se acepta la lástima. Había sido criada con valores, por eso aceptó ser su amiga, aunque nunca lo fue; las constantes declaraciones de amor que ella recibía de él fueron cultivando la lastima y desprecio que sentía en estos momentos, por lo menos tendría que verlo una última vez. La noche anterior había recibido una llamada en donde él le explicaba que se mudaría a otro país, así que ella aceptó la invitación para cenar, para despedirse, para no verlo nunca más, para llorar todas las noches de felicidad.
…
La vio sentada en la mesa acordada, le dio el ramo de rosas y pudo observar un gesto de lastima por parte de ella -estaba acostumbrado- esa era la razón de todos sus males, la lastima de ella hacia él, esa lastima ganada por amor que obligó al diseño del plan que esa noche se realizaría. Hablaron de sus vidas; él la mareaba con la mentira de la mudanza y ella escuchaba sin escuchar. Al terminar la cena se ofreció para llevarla a su casa y ella aceptó.
…
Despertó amarrada, sentía un desagradable sabor en su boca, estaba sudando, le dolía la cabeza, pudo verlo sentado delante de ella, con una gran sonrisa.
…
Lo primero que hizo después de deshacerse del material restante fue quitar el tv de su habitación, para abrir espacio en primera fila -sudaba y se excitaba al pensar en eso- a ella. Fue su mejor trabajo, logró la expresión deseada a la perfección -lloró de felicidad al ver culminado su plan, por fin su majestuosa belleza nunca envejecería- se acostó en su cama para detallar las curvas de su cuerpo desnudo y la posición –estaba perfectamente perpendicular al suelo- la miró por más de 4 horas, se excitaba al tenerla para siempre y al cerrar los ojos le dio gracias a Dios de haber estudiado la única ciencia que haría posible la anulación del tiempo… la taxidermia.

Excelente...
ResponderEliminarMe encanto!
Saludos....
Escalofriante. Excelente :)
ResponderEliminarGuaoo... Que hermoso!!!
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